Soy Anna Marfa.
Terapeuta Gestalt y Corporal
Gracias a las dificultades que viví en mi relación con el cuerpo y la autoestima, inicié un camino de búsqueda para aprender a vivir de una manera más amable conmigo misma.
Ese camino comenzó con la terapia Gestalt y se profundizó a través del trabajo corporal, la respiración y la bioenergética, un antes y un después en mi vida.
Hoy pongo este proceso al servicio de mujeres que desean sanar su relación con su imagen corporal y a recuperar su autoestima, su placer y su feminidad.


Desde pequeña me ha fascinado entender cómo funcionamos las personas: el cuerpo, las emociones, la mente. Siempre me han movido las ganas de ayudar, de cuidar, de aportar algo que mejore la vida de los demás. Esa vocación me llevó a estudiar Farmacia, una profesión que me permitió acompañar a muchas personas desde la salud física, escuchando, aconsejando y sosteniendo.
Con los años, esa curiosidad por cuidar fue creciendo. Me fui a vivir a Inglaterra, una etapa que me enseñó a salir de mi zona de confort, a confiar en mí y a descubrir otras formas de vivir y de mirar la vida.
Pero, aunque por fuera todo parecía estar bien, por dentro no me sentía en paz. Durante mucho tiempo conviví con una sensación constante de no ser suficiente. Esa creencia venía de lejos. Recuerdo, que de niña, en gimnasia rítmica, una profesora me separó de mi mejor amiga porque “no era tan buena como ella”. Me dolió. Sentí rabia, tristeza, y una parte de mí se convenció de que no podía, de que no valía tanto. Sin darme cuenta, empecé a exigirme menos en lo que realmente deseaba y más en lo que creía que debía hacer bien.
SOBRE MI
Con el paso de los años, esa sensación de insuficiencia se trasladó a mi relación con mi cuerpo. No me gustaban mis caderas ni mi flacidez, y me observaba a menudo, comparando mis cambios físicos, intentando entender por qué no me sentía suficiente o femenina. Por fuera parecía alegre y sociable, pero por dentro estaba desconectada, sin claridad sobre lo que me gustaba o lo que me hacía sentir viva. Vivía más desde la cabeza que desde el cuerpo, intentando hacerlo todo bien sin escucharme realmente.
Una crisis de pareja y de trabajo fue un punto de inflexión. Fue una etapa que me removió profundamente: me sentía perdida, sin rumbo, con la autoestima por los suelos. Pero aquella crisis, aunque dolorosa, marcó el inicio de algo nuevo. Empecé terapia Gestalt y fue el comienzo de mi camino de autoconocimiento. Pude entender muchas cosas que antes no veía, reconocer mis emociones y, sobre todo, aprender a tratarme con más cariño. La Gestalt me enseñó a escucharme, a poner palabras a lo que sentía y a darme espacio. Comprendí que detrás del “no soy suficiente” había una niña que solo necesitaba ser vista con amor.
Después llegó el trabajo corporal y la bioenergética, y ahí el cambio fue aún más profundo. A través del cuerpo conecté con mis emociones reales, con mi respiración y con la energía que había estado dormida. Ese trabajo me ayudó a reconciliarme con mi cuerpo, a sentirme más cómoda en él, a mirarme con ternura y a valorarlo como un lugar seguro al que puedo regresar. Fue ahí donde comprendí que el cuerpo no es algo que haya que corregir, sino un espacio al que regresar con amor.
Con el tiempo descubrí también el baile, y eso me devolvió algo muy valioso: la alegría de moverme sin juicio, de sentirme libre y viva en mi propio cuerpo.


Hoy acompaño a mujeres que, como yo, en algún momento se han sentido poco suficientes o desconectadas de su cuerpo. Mujeres que se exigen mucho, que se comparan o que han perdido el contacto con su placer. Las acompaño a sanar la relación con su imagen corporal y a recuperar su autoestima, su feminidad y su placer.
Mi propósito es acompañar a cada mujer para que se mire con cariño, se sienta vista y, por fin, descubra que es suficiente tal como es.




